Historia






Periodo prehispánico
Cinti posee un amplio legado prehispánico que a partir de la última década viene siendo estudiado. Los trabajos realizados por la arqueóloga Claudia Rivera Casanovas y su equipo en Cinti incluyeron prospecciones regionales, estudios de cerámica y excavaciones en sitios arqueológicos, han permitido elaborar una secuencia cronológica para la región y mostrar un nuevo panorama. Se han encontraron evidencias de una fuerte ocupación prehispánica en el sitio que contrastaba con la información etnohistórica e histórica conocida. Es evidente que existieron ricas y complejas trayectorias evolutivas en esta región con ocupación prehispánica que se inicia en el Período Precerámico (6000 a 2000 a.C.), Período Formativo (2000 a.C. – 400 d.C.), Período de Desarrollo Regionales Tempranos (400- 800 d.C.), Período de Desarrollos Regionales Tardíos (800-1430 d. C.) y Período Tardío u Horizonte tardío (1430 y 1535 d.C.).

El surgimiento de entidades políticas en Cinti se dio como producto de una trayectoria histórica de desarrollo iniciada en el Período Precerámico ( 2.000 a.C.) con la presencia de grupos de cazadores y recolectores con gran capacidad de movilidad para obtener recursos. Cuevas y abrigos rocosos fueron utilizados por estos grupos, que establecieron circuitos de trashumancia en el valle y punas aledañas. Evidencia de este período son las concentraciones de materiales líticos en áreas abiertas estratégicas para la caza y aleros rocosos (puntas de proyectil foliáceas o penduladas, raspadores, cuchillos e instrumentos líticos).

En el período Formativo (2000 a.C. – 400 d.C.), las poblaciones entran en un proceso de sedentarización, con el establecimiento de la vida en aldeas con base agrícola y pastoril a lo largo del valle, no muestran indicios de diferenciación social ni integración política. Sus asentamientos se localizan en la base cerca a fuentes de agua y tienen viviendas circulares, ya fabrican productos de cerámica. Se registraron cuatro sitios, en el cerro Tonka y la quebrada alta de la serranía este, con materiales líticos (proformas, puntas de proyectil, percutores, bifaces, lascas, astillas y núcleos líticos para la fabricación de artefactos. (Ayllón, 2013).

El sitio de Chiquero Loma, ubicado en la parte alta de la quebrada de Zacarí, en la serranía este puede ser de finales de este período, es un alero rocoso o abrigo con pintura rupestre ubicado en la quebrada, cerca de un curso intermitente de agua se encontraron artefactos líticos como raspadores, lascas, núcleos y una punta de proyectil triangular de pedernal y un enterramiento humano con fragmentos toscos de cerámica, por eso se piensa que fue parte de un proceso de transición.

Durante el período de Desarrollos Regionales Tempranos (400-800 d.C.), hay una interacción marcada a nivel regional con la conformación de entidades sociales mayores, estas entidades han sido diferenciadas gracias a la investigación de los vestigios cerámicos, estilos: Cinti Ticatica, Yura (geométrico y poligonal) y Yampara Temprano.

El estilo Cinti, no fue parte del estilo Huruquilla, se caracteriza por pastas de color gris y naranja dependiendo del tipo de cocción con acabados de alisado, la decoración tiene motivos realizados en rojo o negro y en algunos casos bicromos, es también común que los colores cambien a sepia o rojo vivo, de motivos geométricos con diseños escalonados. Sus diseños son similares a los estilos Mojocoya del norte de Chuquisaca, este de Cochabamba y oeste de Santa Cruz, lo que sugiere ciertos vínculos con esta región y con los valles del piedemonte de la llanura chaqueña (adopción de la tradición estampada, incisa de bordes doblados). Posiblemente mantuvieron contactos económicos, políticos, rituales y de parentesco.

Las formas comunes son formas abiertas como tazones, cuencos diversos, jarras globulares y kerus. Otro elemento similar es la forma de enterramientos similares en urnas y cistas. Durante este período en el valle de Cinti se dan importantes cambios: incremento de población y ampliación de los sitios, nuevos asentamientos en áreas del valle antes no ocupadas especialmente en el cañón, se puede ver la distribución equitativa de los sitios en el valle y el cañón. Tendencia a una integración política con jerarquía regional de dos niveles, sitios grandes con aldeas y estancias. Palcamayu podría haber sido un centro regional durante este período, la arquitectura indica diferencias sociales. Económicamente, la población tuvo acceso a suficiente tierra y producción agrícola y los productos agrícolas parecerían haber sido importantes para los líderes locales, no se encontraron vestigios de rituales o festejos asociados a espacios públicos.

Una estrecha interacción económica y política con poblaciones vecinas en este período habría dado lugar al surgimiento de identidades regionales que contribuirían posteriormente a la formación de la más tardía confederación Qaraqara. Los lazos de parentesco seguramente facilitaron la relación entre la puna y los valles dando lugar a una identidad regional. No se han encontrado importante cantidad de restos con características tiwanakotas, por lo que se piensa que la influencia de Tiwanaku no fue importante. Sin embargo si existió un contacto fluido con el altiplano oeste y la región intersalar, probablemente a través del tráfico caravanero. Grupos de llameros bajaba a los valles para intercambiar sal y otros productos por maíz, maderas, ají, como ocurre actualmente.

Durante el período de Desarrollos Regionales Tardíos (800 -1430 d.C.) correspondiente al período Intermedio Tardío de los Andes Centrales, se amplían las relaciones entre el valle y punas adyacentes que consolidad identidades locales y regionales expresadas en los restos de cerámica Huruquilla, Yura, Chicha y otros. Sabemos que las confederaciones regionales de sur boliviano fueron parte de la Confederación Charkas, compuesta por los señoríos Charkas, Qaraqara, Chuyes y Chichas, por la similitud de cerámica es posible que Cinti haya sido parte de la Confederación Qaraqara (cerámica Huruquilla). Además de patrones arquitectónicos y funerarios.

El estilo Huruquilla (Ibarra Grasso, 1960,1973). Se caracteriza por la presencia de formas abiertas, especialmente cuencos altos y bajos, tazones campaniformes y cántaros semiglobulares de distintos tamaños. Las pastas son grises o naranja de acuerdo al tipo de cocción, con un antiplástico generalmente de lutita molida. Los acabados son por alisado y los engobes no son muy comunes aunque algunas veces se presentan tonos grises. , la decoración es monócroma negro sobre gris y los diseños típicos con un tipo de Z invertida “ojos, un tipo de volutas unidas entre sí, líneas onduladas, horizontales y verticales, triángulos sólidos o rellenos de puntos o líneas entrecortadas, motivos aserrados y otros. Dentro del campo de organización social, sobre la base del anterior las poblaciones crecen, los sitios se amplían, se perfecciona la arquitectura, la población aproximada es de 7000 personas a diferencia de 3000 en el anterior período. Se muestra un proceso de intensificación de los sistemas de terrazas agrícolas. Existe una jerarquía de asentamientos en el valle alto, mientras que en el cañón sólo presenta dos niveles. Se ven diferencias constructivas, Palcumayu es abandonado al final del período precedente, hay sitios principales como Jatun Talasa Huancarani y secundarios como el Patronato, el Volcán y el Porvenir, presentan sectores con estructuras cuidadosamente elaboradas asociadas a patios o estructuras de carácter especial bajo los cuales se encuentran enterramientos en cistas, estos rasgos no están presentes en sitios de menor jerarquía. En este periodo se da una intensificación agrícola notoria con la expansión de sistemas de terrazas y canales de irrigación. Los restos de vasijas sugieren que los grupos de élite o unidades domésticas con un mayor estatus estuvieron concentrados en la parte norte del valle y las élites parecen haber estado más involucradas en almacenar, procesar y servir. Otros artefactos recuperados en la colecciones de superficie fueron cuentas y placas de concha, cuentas de sodalita y cuentas de cerámica. Excavaciones en Bella Vista proporcionaron estos mismos materiales usados para adorno corporal o en prácticas rituales (Tellez 1997). Con relación a la cerámica, la cerámica Chicha es la más abundante sobre todo en el cañón, Existen evidencias de producción de cerámica y metalurgia distribuida en diferentes sitios, esto sugiere que las élites no enfatizaron o controlaron una economía de riqueza basada en el control y acumulación de bienes de prestigio. Tampoco se encontraron evidencias de fiestas y rituales asociadas sólo en áreas ceremoniales o públicas. En este período parece haberse intensificado las relaciones políticas, rituales, sociales y económicas con la confederación Qaraqara, dando lugar a grandes grupos étnicos regionales como los Visita, Taconbamba y otros integrantes de la confederación Qaraqara. El intercambio con grupos de piedemonte se intensifica. Existen referencias etnohistóricas cobre el intercambio de productos entre Qaraqaras y grupos Chané del piedemonte (Susnik, 1975; Renard Casevitz et al, 1988) productos como plumas, cueros, madera, miel y caracoles.

Se han encontrado restos de materiales de la cultura Yampara, las cuentas de sodalita eran traídas por ellos de la zona de Cochabamba, también fue importante la interacción con la cultura Chicha y grupos ubicados al sur del valle. El valle de Cinti constituiría el punto más meridional del área de Qaraqara hacia el sur, colindando directamente con las poblaciones Chicha. La trayectoria evolutiva local parece haber seguido trayectorias similares de desarrollo (Angelo, 1999, Janusek y Blom) vinculadas a procesos regionales locales antes que a procesos sociopolíticos. La información muestra la existencia de interacciones interregionales establecidas desde muy temprano y que se mantuvieron a través del tiempo, siendo estos contactos de larga duración, al ser un paso obligado para los ejes de intercambio de norte a sur y de este a oeste, tuvo una posición privilegiada para la interacción con grupos vecinos. Al igual que en otras áreas del sur de Bolivia, las caravanas de llamas parecen haber jugado un papel importante en la interacción regional. Existen rutas antiguas que cruzan el valle de este a oeste y de norte a sur. Ellas están asociadas a sitios con arte rupestre que constituyen paraderos o descansos en el camino. Estas rutas pudieron haberse establecido desde el periodo Formativo y quizá antes, estos se mantuvieron en muchos casos hasta nuestros días. Las rutas varían desde simples sendas hasta caminos empedrados que parece que fueron formalizados en la época inca.

Podemos pensar en una economía de riqueza asociada a un control de la producción artesanal, control y movilización de bienes de producción, sectores de élite, sitios de mayor jerarquía y corrales de llamas que indiquen control de las caravanas, no fue de importancia esencial para los líderes de Cinti. Se podría pensar que las entidades políticas en la zona, tuvieron un desarrollo autónomo local, con una fuerte base agrícola y los riesgos a factores climáticos con las cosechas habrían llevado a mantener interacciones que permitieron el acceso a productos complementarios y a una serie de vínculos sociales a los que podrían apelarse en caso de necesidad.

Contrariamente al altiplano norte y los Andes centrales, el control vertical de pisos ecológicos no fue esencial en el sur de Bolivia. Las redes de interacción permitieron un intercambio de bienes y recursos diversos sin necesidad de recurrir a un control directo en otros pisos ecológicos. Hace falta profundizar las investigaciones para entender con mayor detalle los patrones y procesos evolutivos en la zona.

Período Tardío u Horizonte tardío (1430 y 1535 d.C.)

Durante el período incaico, según Rivera Casanovas, el imperio incaico tuvo un control indirecto respetando las estructuras sociopolíticas imperantes en la zona. Sin embargo los grupos Qaraqara coadyuvaron al control para evitar incursiones Chiriguanas y los Chichas, los Charkas, los Karaqara y los Chuis engrosaron los ejércitos incas en la conquista de Quito y las otras provincias del norte.

Cerca el Río San Juan, tenían minas de oro, Cieza afirma que tanto Charcas como Chichas poseían “grandes minas de plata” labradas por Huayna Cápac, y cuyas pastas fueron transportadas al Cuzco y que fueron los mismos Charcas y Chichas quienes se encargaron de explotar y conducir el metal a la capital del Imperio (Espinoza, 2003). Saignes plantea que estos valles fueron límites orientales de sus territorios y que implementaron mitimaes para defender su territorio del ataque de los Chiriguanos. Esther Ayllón haciendo mención a Saignes menciona que existieron fortificaciones que guarnecían la frontera inca al sur del Pilcomayo y que un testigo español a fines del siglo XVI vio grandiosas fortalezas y numerosos pueblos entre Villa Abecia (Camataquí) y Cinti, sobre el río San Juan, (datos tomados de las probanzas de Luís de Fuentes, (AGI, Charcas-Patronato 137).

Esther Ayllón sugiere que el camino que sube desde San Pedro a Culpina es de origen prehispánico, se han encontrado vestigios de corrales con estructuras rectangulares de piedra., se asume que este camino fue parte de la red vial Inka. También quedan restos de dos ciudadelas en el Porvenir y la Palca Chica.

Las pinturas rupestres tienen una filiación temprana en Cinti y las evidencias sugieren manifiesta Ayllón, que estos lugares pudieron servir de refugio y para actividades rituales. No existe suficiente información colonial respecto a los grupos étnicos de Cinti antes de la conquista, este silencio podría deberse al despoblamiento por las incursiones chiriguanas en la zona, al quedarse desprotegidas habrían obligado a las poblaciones a retroceder y abandonar la zona. A finales del siglo XVI Cinti estaba habitado por Churumatas que fueron mitmaqkunas en la frontera incaica sur oriental, que al huir de los Chiriguanos se dispersaron por el territorio de los Yampara y el noroeste argentina, la designación de Moyo-Moyo parece referirse a grupos que los incas consideraban salvajes e incluso caníbales y no constituían una etnia, los que se desplazaban con facilidad cuando los chiriuanos los atacaban y los Lacajas que según Saignes parecen haber sido mitmaqkunas y que después de la conquista fueron a habitar a orillas del Pilcomayo y que tenían cierta relación con los chiriguanos.

La colonia

Fijada la capital de Lima (1535) por Francisco Pizarro como centro de administración colonial, envió a su hermano Gonzalo a conquistar Charcas, en 1538 después de pactar con el cacique Aymoro de los Yamparas (1540) inicio el proceso de dominación española en la zona fomentando el trabajo minero. La dirección instaurada por Pizarro marco la forma de trabajo que se emplearía a partir de su llegada a través de la encomienda y después de la mita, así comenzó un profundo reordenamiento estructural; la actividad minera y el abastecimiento que necesitaba la Villa Imperial se convirtió en el motor principal de un nuevo orden y Cinti se convirtió en un corredor de paso y migración, la zona no fue poblada por los chiriguanos y sirvió de límite y acceso de los chiriguanos a los pueblos altiplánicos a quienes cobraban esclavos y tributos.

La zona de Cinti permaneció siendo una zona de enfrentamiento contra los grupos chiriguanos que aterrorizaban a españoles e indígenas. Los adelantados españoles les dieron en el siglo XVI los nombres de Pilaya y Pazpaya, por los dos ríos más importantes que ellos encontraron. La configuración geográfica de Pilaya y Paspaya fue: al norte la reducción de Payacollo y al sur el asentamiento de españoles. Se vivió entre confrontación y alianzas y muchos de los chiriguanos terminaron siendo colonos de las haciendas.

En el año de 1535 Diego de Almagro envió que se fundarán las primeras poblaciones españolas en la región, así se fundaron Paria en Oruro y Tupiza en la región de los Chichas. Hernando Pizarro obtuvo de su hermano Francisco Pizarro una encomienda en el sur en los territorios de Chichas, Charcas hasta Salta. Sin embargo no pudo tomar posesión de su encomienda por tener que acudir a la defensa del Cuzco, en ese momento atacado por Manco Inca II, delego la tarea de fundar poblaciones a Juan de Villanueva, quien habría ingresado en 1538 a “los valles de Chichas, Cinti y Pilaya llevando algunos soldado, armas, ganados”, no obstante debido al ataque de los chiriguanos no pudo cumplir su cometido (Ayllón, 2013). Pedro de Anzures fundó La Plata en 1541 pero no pudo seguir al sur porque tuvo que acudir a apoyar a Pizarro al Cuzco por la rebelión de Almagro en joven, en junio de 1541, delego la responsabilidad al Cap. Diego de Rojas quien atravesó Cinti, pero al constituir la zona de riesgo por la expansión Chiriguana tampoco pudo fundar nada.

Fundada La Plata, Pedro de Anzures, un lugarteniente de los Pizarro en junio de 1541 recibió la orden de buscar una ruta al sur, pero al no poder cumplir su propósito porque se trasladó al Cuzco para apoyar a Pizarro que se encontraba amenazado por Almagro el joven, tuvo que entregar la responsabilidad al Cap. Diego de Rojas quien atravesó Cinti y llego a Tarija.

En 1559 fundada la Audiencia de Charcas, se tiene referencias de otra campaña el mismo año, comandada por el Cap. Juan Ortiz de Zárate y el Lic. Pedro Calderón para castigar a los chiriguanos por sus avasallamientos en la zona y hacerlos retroceder. Como premio a esa acción, que debió haber sido exitosa, a Ortiz de Zárate le dieron haciendas en Cinti, Pilaya y los valles de Tarija, ingreso ganado y personas para poblar estas tierras, pero el partió a España para solicitar el título y la comisión de Tercer Adelantado del Río de La Plata y sus posesiones fueron destruidas por los chiriguanos. Todas las incursiones no lograron hacer retroceder a los chiriguanos, el propio Virrey Francisco de Toledo comando una expedición contra la cordillera chiriguana sin éxito, hasta que Luis de Fuentes y Vargas, fundador de la Villa de San Bernardo de Frontera, en 1574, replegó a las fuerzas chiriguanas, organizo pueblos poblados primero en forma de fuertes y luego en forma de poblados, permitió el ingreso estable de las órdenes religiosas, ingreso ganados, dio seguridad a las rutas camineras y fue gobernador de las primeras fundaciones de Cinti. Sin embargo las incursiones chiriguanas volvieron a la zona de Pilaya y Paspaya, por esta razón, Luís de Fuentes y Vargas fundó una reducción indígena aymara en San Lucas de Paycollo en 1578. En ella se concentró a tres ayllus aymaras y una cantidad de indígenas churumatas (Ayllón, 2013:85).

Es posible que hacia 1580 el Cap. Luís Gómez de Chávez, fundó la Villa de San Pedro de Valdeolmos de la frontera de Pilaya, como consta en la probanzas que presentó Diego Quíntela Salazar en 1604 esta población estuvo al borde del abandono. El 18 de febrero de 1585, Joan Ladrón de Leiva fundó la Villa de San Joan de la Frontera de Paspaya en el sitio denominado Tincoya, a partir de ahí las incursiones chiriguanas disminuyeron, pobló la zona, planto viñas, cañaverales y chacras. Cinti debió haber sido un poblado que según el Diccionario de Bertonio (1612) significa “hombre fuerte y cualquier otra cosa” (ch’amani), dando a entender un lugar de fuertes o fortalezas, la primera irrupción estable española se produjo cuando le entregaron tierras en esos valles a Juan Ortíz de Zárate hacia 1559 y se consolido con la entrada de Joan Ladrón de Leiva.

Hacia fines del siglo XVI los colonizadores y pobladores procedieron a dividir los valles para la conformación de las haciendas y los sitios de indios para legalizar la propiedad de la tierra y proveerse de mano de obra. Las “mercedes” de tierras, las adjudicaciones dispuestas por el Cabildo de La Plata, las ventas y donaciones de tierras hechas por los indígenas fueron los medios que permitieron el acceso a la tierra y la formación de la propiedad hacendaría y parcelaria en Cinti, la que se extendió hacia el sur para cubrir la demanda de los centros mineros de Potosí, la mano de obra fue obtenida a través de yanaconas traídos de centros altiplánicos y el comercio de esclavos ( negros y otros que vendían los chiriguanos). Las plantaciones de uva surgieron en Cinti a partir del siglo XVI, la uva negra y blanca Moscatel de Alejandría proveían de vino y aguardiente a zonas de la Audiencia de Charcas. El cronista Guáman Poma de Ayala menciona que para principios del siglo XVII “el vino abundaba como el agua” y que era elaborado en Huamanga, Cuzco, Huancavelica, Chochocancha, Lima y la villa del Callao. Fueron los religiosos dominicos, los que introdujeron la vid en Cinti y como menciona Esther Ayllón, a pesar de este modesto inicio, la vid resultó el elemento más importante para la transformación cultural de la zona. Su cultivo creo especializaciones productivas, oficios tanto agrícolas como vinícolas marcando la personalidad de Cinti como zona productora de vinos y singanis.

Ingresaron también los agustinos, mercedarios, franciscanos y después los jesuitas. Las escrituras más antiguas de la zona son de 1649 y evidencian la presencia española en la zona. Por las características de la zona, su clima, paisaje, producción, la zona fue importante la para los españoles vincularon el puerto de Buenos Aires con la Audiencia de Charcas, Cinti fue poblada por españoles, criollos, mestizos que trabajaban las minas, la administración, el comercio y la agricultura. Las construcciones de casas de hacienda y bodegas sobre peñascos al típico estilo español situadas en zonas con acceso al agua en la base del valle, muestran la grandeza y la importancia de la zona durante la colonia, las casas señoriales se encuentran a ambas bandas de los ríos Chico (o Limi) y Grande, con sus haciendas centenarias con viñas, lagares, bodegas, falcas y otras dependencias acomodas a la naturaleza estrecha y profunda del valle, dedicadas a la elaboración del vino y aguardiente de uva. Desde la introducción de la vid al valle, el motor de su economía ha sido la vitivinicultura (Langer, 1989:p.90).

En las alturas que rodean el valle y alrededor de las “doctrinas” o iglesias construidas como parte del proceso de evangelización cristina, se formaron aldeas y comunidades indígenas y mestizas. Según Langer, dichas aldeas constituyen zonas ecológicas muy diversas que económicamente complementan la economía vitivinícola que domina el valle central con la producción de cereales y tubérculos de altura junto a la crianza de llamas, alpacas y ganado vacuno y lanar. En los límites orientales de Santa Elena, las llanuras se fraccionan en quebradas profundas y angostas, cuyas aguas bajan al río Pilcomayo. El cantón La Loma, delimitado al oriente por el Pilcomayo y al sur por el río Pilaya, es zona subtropical, zona dedicada al cultivo de la caña de azúcar.

La guerra de la Independencia
Cinti tiene el honor de haber sido un punto de referencia durante la Guerra de la Independencia de Bolivia (1809-1825). En este conflicto se enfrentaron los patriotas contra los realistas españoles. El conflicto se mantuvo hasta volverse una guerra irregular contra las Republiquetas que sostenían guerrillas dificultando la presencia de los realistas. José Vicente Camargo, un patriota boliviano, héroe de la independencia sublevó el partido de Cinti (hoy Camargo, nombrada así en su honor) se destacó defendiendo la causa patriota, lucho en el cañón de Cinti, triunfó en varias ocasiones, derroto al general Alvarez y el 3 de abril de 1816, fue capturado en la meseta de Arpaja siendo degollado por el comandante español Buenaventura Centeno.